Driblab posee una herramienta diferencial: puede medir los movimientos sin balón de los futbolistas. No nos quedamos cortos con el adjetivo: la diferencia entre conocer o desconocer qué hacen los 21 jugadores que no tienen el balón es brutal.
Esto ya lo sabéis, si sois lectores habituales de nuestro blog.
Sabéis que tenemos siete tipos de desmarques sin balón en función de una serie de variables. Conocéis a clásicos como los desmarques a espalda de la línea defensiva o los movimientos de apoyo, pero también los más modernos como los desmarques por dentro y los desmarques para rematar.
Obviamente, también sabéis que Driblab puede calcular todo esto gracias a su sistema de Tracking in-house.
Sin embargo, seguro que hay algunas cosas que vosotros, ávidos lectores de nuestro blog, desconocéis. Hoy hablamos de eso, de lo desconocido, y hacemos una investigación para ver hasta qué punto estos datos concretos nos informan de los perfiles de futbolistas que hay en un campo de juego.
¿Cuál es el movimiento sin balón más repetido?
Estamos terminando la temporada y contamos 1.431 futbolistas con más de mil minutos disputados en alguna de las cinco grandes ligas. Eso hace un total de más de 360.000 desmarques sin balón. Solo entre los que Driblab considera efectivos y de valor, porque hay alguno más que no es relevante para el análisis.
Entre nuestras siete categorías, hay un tipo de movimiento que se lleva la palma: los demarques por delante del balón. Esto puede sonar como una enorme obviedad, pero teniendo en cuenta que los equipos cada vez pasan más tiempo con el balón en zonas bajas, hay cada vez más oportunidades de que sucedan movimientos por delante del balón.
Los definimos, porque son un grupo amplio y que podría ser subcategorizado (en proceso): los Movimientos por Delante del Balón son carreras en las que un jugador arranca por delante del poseedor del esférico y cuyo movimiento le hace alejarse verticalmente del balón, es decir, gana altura, pero nunca llega a superar la línea defensiva.
De ser así estaríamos hablando del segundo movimiento que más se repite: los desmarques a espaldas de la línea defensiva. Estos suponen un 17% del total. Lejos del 42% de los desmarques por delante de balón, las carreras más comunes.

Como vemos en la imagen, los movimientos de apoyo (16%) y los de apoyo cercano (15%) son los siguientes en términos de protagonismo. Los primeros consideran ese movimiento en el que el futbolista sin balón se alinea con el poseedor viniendo desde detrás con un movimiento que, en su mayoría, reduce la distancia con respecto al poseedor a menos de cinco metros y no lo supera.
Por otra parte, los de apoyo cercano son aquellos en los que el futbolista sin balón se aleja de la portería rival para acercarse al poseedor del balón.
Ambos son movimientos de índole claramente asociativa y de distancia reducida.
Por debajo del 10% quedan los desmarques por dentro, aquellos en los que el futbolista arranca por detrás del poseedor y le supera para recibir. Pueden ocurrer en el carril central o en los carriles exteriores. Si se dan en el carril central, el lado por el que se supera al poseedor es irrelevante. En cambio, en los carriles exteriores, sólo se considera desmarque por dentro cuando el futbolista sin balón supera al poseedor por el lado más cercano al círculo central.
Los dos últimos son los desmarques para rematar (un jugador realiza una carrera sobre el área rival y recibe un centro) y los desmarques por fuera (solo se dan en los carriles exteriores y cuando el futbolista arranca por detrás y supera al poseedor por el lado más cercano a la línea lateral). Todos estos son más especializados y vinculados a posiciones concretas.
El reparto general nos da la fotografía, pero el detalle interesante aparece cuando agrupamos a los jugadores por posición. Cada tipo de desmarque pertenece, de manera natural, a un perfil concreto: hay carreras que dicen mucho de un delantero y otras que solo entendemos viéndolas en un lateral.

El mediapunta ha muerto, larga vida al mediapunta.
Quizá simplemente la posición del ‘10’ ha mutado en un rol de muchísimo trabajo sin balón ofensivamente: es la posición que más desmarques realiza por partido (18.13). Esto se debe a que realizan funciones muy diversas. En salida de balón alternan entre movimientos por delante de balón y movimientos de apoyo y movimientos por dentro. Ocupan el top tres en cada una de estas categorías.
Una posición cercana al mediapunta es el delantero, el rey de las carreras que rompen a espaldas de la última línea (5.23/90) y de las carreras para rematar (0,66/90). Son los movimientos de penetración (luego más sobre esto).
Para sorpresa de nadie, los mediocentros son los que más bajan a recibir, con la cifra más alta en desmarques de apoyo cercano (2.76/90).
Hablando de exclusividades: carrileros y laterales son los que más desmarques por fuera realizan, una métrica casi únicamente de su posición. Los centrales son los que menos recorrido tienen sin balón cuando su equipo lo posee. Son guardianes y protectores de la estructura del equipo.
Una posición que casi no hemos mencionado es la del extremo o jugador de banda. En esta agrupación mezclamos volantes con extremos y atacantes de banda, con el objetivo de crear una muestra conjunta. Esta agrupación de “jugadores de banda” contiene un perfil bastante completo: son los terceros que más se mueven en total, los segundos en desmarques a espaldas de la defensa y los terceros en desmarques por fuera.

Ya sabemos que desmarques son típicos de cada posición. Hay que dejar claro, eso sí, que no son excluyentes. Es decir, un mediocentro por causa del juego de su equipo puede realizar muchos desmarques a espaldas de la última línea. O un delantero caer mucho con movimientos de apoyo.
La clave no está solo en cuánto se mueven, sino en cómo reparten ese movimiento entre los distintos tipos de desmarque. Por eso hemos analizado el peso porcentual que cada tipo de carrera tiene sobre el total de un jugador. Para ello, hemos agrupado aquellas métricas que presentan relación.
Agrupamos los siete tipos individuales en cuatro categorías que nos permiten leer perfiles de un vistazo: los desmarques de penetración (carreras a espaldas de la última línea + desmarques para rematar) miden la voluntad de atacar el área; los movimientos de asociación (apoyos + apoyos cercanos) miden la capacidad para conectar con el portador; los movimientos para desdoblar (por fuera + por dentro) capturan las acciones en las que se arranca por detrás y se supera al compañero, de proyección; y los movimientos por delante del balón recogen las carreras más genéricas de cualquier jugador ofensivo y nos ayudan a medir el volumen total.
Este enfoque porcentual es lo que nos permite construir arquetipos funcionales: dos delanteros con el mismo volumen pueden ser, en realidad, jugadores muy distintos en función de cómo distribuyen sus carreras. Y esa diferencia es exactamente la que un cuerpo técnico necesita conocer cuando busca encajar un perfil concreto en su modelo de juego.
Para ilustrar esta voluntad hemos cogido tres perfiles al azar. Obviamente cada uno con datos cercanos a tres de los varios perfiles que podemos crear. Los tres acumulan minutos suficientes para que la muestra sea fiable, los tres pasan de los 16 desmarques por partido, y aun así sus perfiles son totalmente distintos.

La ferocidad de Haaland
El noruego es el ejemplo más claro del delantero agresivo. Los chicos de Scouted tratan a este perfil de delantero como el Power Forward. Un delantero que es veloz, que es potente y que orienta sus esfuerzos sin balón hacia las carreras de penetración, las que buscan la portería rival con decisión.
Sus desmarques de penetración suponen el 37,1% del total, una de las cifras más altas entre los delanteros de las grandes ligas.
Si a eso le sumamos sus carreras por delante del balón (44,1%), nos sale que prácticamente 8 de cada 10 desmarques de Haaland son carreras en las que el futbolista avanza verticalmente.
Por contra, sus movimientos de asociación apenas representan el 14,7%: Haaland no baja a recibir y no busca entrar en contacto con el balón. Espera su momento para ser servido de una oportunidad. Esto es algo que se le ha criticado al noruego, pero la realidad es que, salvo en momentos puntuales, su equipo no ha necesitado que baje a ayudar. Sus goles le dan la razón y los datos lo retratan con una nitidez total.


Mikel Oyarzabal es el perfil completo
El capitán de la Real Sociedad y, previsiblemente, delantero de la selección española para el mundial ofrece un contraste interesante.
Sus desmarques de penetración (35,1%) están casi al nivel de Haaland, pero sus movimientos de asociación llegan al 25,5%, casi el doble que los del noruego. Es decir, los movimientos de Oyarzabal son para arriba o para abajo. Hay menos porcentaje de movimientos por delante de balón porque no es un futbolista que se dedique a estirar al equipo si no es para crear peligro inminente sobre el área.
Oyarzabal no es solo finalizador: también baja a combinar, ofrece apoyos al portador y participa en la circulación. Su perfil refleja al delantero híbrido, el que igual te resuelve un ataque rápido en situaciones de pocos metros y cerca del área que te construye una jugada elaborada.
Es, quizá, el perfil de delantero que se apoda injustamente como falso 9 cuando es realmente todo lo contrario: un delantero que hace un poco de todo.


El perfil asociativo con De Ketelaere
Está claro que este es el perfil que menos podríamos relacionar con la posición de 9, pero el belga lo sigue siendo en términos funcionales. La diferencia con Haaland es que sus roles son completamente opuestos.
Sus desmarques de penetración caen al 19,7% –prácticamente la mitad que Haaland– mientras que sus movimientos de asociación se disparan hasta el 27,8%, los más altos del trío.
Sus movimientos por delante de balón son movimientos asociativos y no tanto de estirar al rival o de caer a banda para arrastrar defensas.
De Ketelaere se asocia más de lo que penetra, algo poco habitual en un delantero centro y que encaja a la perfección con el modelo de la Atalanta, donde un 9 cumple un rol más de conexión entre líneas y el otro es un puro finalizador, como Krstovic.
Es el ejemplo perfecto de delantero asociativo: mismas posiciones nominales que Haaland, pero un rol funcional opuesto.

Una capa de información que hasta hace muy poco era invisible para el análisis tradicional. Identificar estos perfiles con datos objetivos cambia por completo procesos como el scouting, el análisis del rival o la planificación del modelo de juego: ya no se trata de fichar "un delantero", sino de fichar el delantero cuyo perfil encaja con lo que el equipo necesita.






