Análisis de Jugadores

Los errores de esta semana muestran la evolución del portero moderno, pero también lo expuesto que está

Venimos de una semana de fútbol en la que los porteros, o mejor dicho sus errores, han sido protagonistas. La imagen de Antonin Kinsky abandonando el verde del Metropolitano a los 16 minutos de juego en su debut en la Champions League tras dos errores calamitosos quedará guardada en la memoria colectiva como uno de los recuerdos más bizarros y ruborizantes de la competición.

Sin embargo, el checo no fue el único portero al que se le brindó una extraña titularidad en la idea de los octavos de final de la Liga de Campeones 25/26. En el duelo entre PSG y Chelsea, Liam Rosenior decidió apostar por Filip Jorgensen en portería. El danés apenas sumaba 300 minutos en liga y un error en el gol de Vitinha, a falta de quince minutos para terminar el partido y con empate a dos en el marcador, le supuso un golpe tremendo a la eliminatoria en favor del equipo parisino.

La realidad es que tanto Kinsky como Jorgensen son dos proyectos de portero moderno que habían rendido bien en sus anteriores clubes e incluso puntualmente en los actuales. Porteros que, a parte de ser sólidos parando, son capaces de ayudar a su equipo en la construcción del juego en momentos exigentes de presión.

No obstante, ambas actuaciones son el reflejo del poco margen de error que tienen los porteros y de lo muchísimo que han aumentado los requisitos para con su posición en el fútbol actual.

No nos vamos a detener en que los porteros necesitan parar. Sin embargo, con la excusa de los errores de Kinsky y Jorgensen nos introducimos en el mundo del portero-jugador, la posición que más evolución ha experimentado en términos de rol e importancia. 

Hace menos de una década, ocho años concretamente, los porteros de las cinco grandes ligas promediaban 15.17 pases intentados por partido. En la actualidad, el portero promedio intenta más de 20 pases. Eso si no juegas en la Bundesliga, donde los porteros promedian casi 24 pases.

Cinco más pueden parecer pocos, sobre todo si pensamos en el pase clásico del portero de toda la vida: el balón largo. Sin embargo, durante estos últimos años el balón en largo ha dejado de ser la opción preferente para los porteros, aunque recientemente haya habido un un pequeño amago de insurgencia.

En 2018, el 48% de los pases intentados por los porteros eran pases largos, es decir de 32 o más metros, aunque no siempre tuviesen que ser pases hacia delante, sino también hacia los lados. Esa cifra ha ido disminuyendo hasta llegar al 36% actual. 

Una bajada de 12 puntos porcentuales que podría haber sido mayor de no ser por el reciente aumento en el porcentaje de pases en largo que hemos notado desde la 23/24. Ese año alcanzamos el mínimo en los últimos ocho años: los porteros enviaron en largo solo 29 de cada 100 pases.

Si saliéramos a la calle a preguntarle a la gente si creen que los porteros pasan más en largo en la actualidad, la respuesta más recurrente sería que no. Irónicamente seguimos viendo casi los mismos pases largos por partido: en 2018 eran 7.9 por portero por partido y en 2026 son 7.2.  

Pese a ello, ha cambiado la naturaleza del pase largo, que ya no es pelotazo, porque han cambiado muchos aspectos que inciden en cómo entendemos ese número de pases en largo. No solo los porteros tocan más veces el balón con los pies, por lo que la proporción de pases en largo es menor, sino que también han entrado otros factores en juego: la dirección de esos pases en largo y la distancia que recorren los mismos. 

Empecemos por la distancia media de los pases, cuya caída explica por sí sola el nuevo rol del portero: los pases de los porteros son más cortos porque las distancias en la salida de balón se han acortado y porque los porteros están tocando el balón en lugares previamente inexplorados. 

El año previo a la modificación de la regla de los saques de puerta, la distancia media de los pases de los porteros era ligeramente superior a los 35.5 metros. Un año después de su aplicación, los pases de los porteros recorren dos metros menos de media.

Contribuye a esto que los porteros pasen más en corto, pero también que pisen zonas más altas y se acerquen más a sus compañeros.

Es fácil perderse entre tanto número. Para evitarlo, hemos seleccionado dos mapas de pases. Un mapa de la temporada actual, de Mike Maignan, portero del AC Milan; y uno de la temporada 18/19, previa a la entrada en vigor de la modificación del saque de meta, de Edouard Mendy, portero en aquel momento del Rennes.

Los hemos escogido a ambos porque son porteros que en sus respectivas temporadas se encontraban en la media de pases intentados por partido.

Si empezamos con el portero senegalés podemos ver que la mayoría de sus pases tienen origen dentro del área. Las cajas marcan el porcentaje de pases que tienen origen en cada zona. Por lo que el 83% de sus pases intentados en el global de la temporada se dieron desde dentro del área. Solo el 16% tuvo origen fuera del área (sin contar en ningún caso los pases realizados en las zonas laterales fuera del área).

Si ahora hacemos este mismo ejercicio con los pases de Maignan en la temporada actual encontramos conclusiones muy diferentes. Primero que el total de pases intentados por Maignan en lo que llevamos de temporada ya es mayor que el total de pases intentados por Mendy en toda la 18/19. 

Después, vemos que el porcentaje de pases con origen en el área pequeña es menor (20% contra 27% de Mendy). Pero en esa misma zona, los puntos que marcan el origen de los pases de Maignan están mucho más cercanos a su propia portería que los de Mendy. 

Esto es una consecuencia directa de la nueva regla del saque de puerta, que permite sacar desde cualquier ubicación dentro del área pequeña. 

Extraemos de los mapas la idea de que los porteros están pisando zonas que no pisaban antes: el portero promedio en 2026 (Maignan) intenta un 31% de sus pases desde fuera de su área, ya no solo se dedica a pasar el balón desde su propio área. 

Es un aumento enorme en comparación con la cifra del portero promedio en la 2018/2019 (Mendy) que apenas intentaba un 16% de sus pases desde fuera del área.

Ahora podemos fijarnos en los destinos de sus pases, un aspecto en el que también ha habido una notable evolución. En el caso de Mendy encontramos 373 pases cuyo destino fue el segundo tercio o más allá.

Es decir, el 54% de los pases intentados de Mendy en la 18/19 podrían clasificarse como largos teniendo en cuenta los lugares desde los que pasaba y los destinos más frecuentes de sus pases. Pero más allá de clasificarlos como tales, lo más importante de esta muestra es la intención de buscar con frecuencia zonas alejadas exteriores. Recalco lo de exteriores.

En cambio, en el caso de Maignan el porcentaje de pases destinados a esas zonas es del 37%. Ese 37% es más bajo y son otros tipos de pases. Porque, como dijimos antes, Mendy buscaba con frecuencia las zonas exteriores más avanzadas, mientras que, si nos fijamos en el mapa de Maignan, los pases a esa zona están mucho más repartidos y hay un enfoque sobre la zona central y no tanta insistencia en zonas exteriores. 

Esto puede estar ligado a la manera de jugar del equipo y es algo que no está tan relacionado con los porteros, pero hemos visto que ha crecido el número de asistencias de los porteros porque los equipos van a presionar muy arriba y dejan espacios que los porteros pueden atacar. 

Pero, eso ya lo hablaremos otro día. Ahora vamos a por nuestra última sección, que también está relacionada con la habilidad y la frecuencia con la que los porteros buscan pasar hacia delante. 

Este gráfico es en el que vemos de manera más clara el impacto que tuvo y tiene hasta el día de hoy la modificación que la IFAB realizó para remodelar los saques de puerta.

Al permitirse las recepciones de los saques de meta dentro del área, muchos equipos hacen que sus centrales saquen de meta para poder dividir la presión del rival. Esto deja en manos, o en pies mejor dicho, del portero decidir por dónde va a empezar la construcción de juego del equipo. Es decir, esto le convierte de manera efectiva al portero en un reciclador de posesión

En momentos de salida de balón ees actualmente un futbolista encargado de orientar las posesiones y llevarlas de un lado a otro hasta que el equipo encuentre un hueco para superar la presión.

Eso ha hecho que la proporción de pases que completan hacia delante haya disminuido en pos de una mayor proporción de pases horizontales. 

El fútbol actual le pide al portero que intervenga para dividir presiones, que sea capaz de jugar rápido, que sus pases tengan la tensión adecuada para ser recibidos en ventaja y que, aunque con menor frecuencia, puedan pasar en largo y hacia delante con precisión. 

La transformación de su posición ha hecho que su protagonismo aumente de manera exponencial. Todo esto sin hablar del crecimiento en importancia del balón parado, otra faceta en la que los porteros tienen un papel vital.

Están más preparados que nunca. Mucho más que hace una década. Sin embargo, también están mucho más expuestos ante los errores. Lo pudimos comprobar en esta fatídica semana de Champions League para los porteros. 

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